martes, 13 de marzo de 2012

Verdades de una historia con gat(rr)a


Yanelys Encinosa Cabrera

La inocencia desvencijada (des)dibuja su impotencia ante el espejo. (De)construye la historia de dos ciudades: la que se mira ante el cristal y la que este juzga en respuesta a la imagen. La verdadera historia de las Kitties de la poeta mexicana Jocelyn Pantoja, cuaderno de poesía publicado por ediciones Honda Nómada en el 2010, se disfraza en forma y motivo de literatura para niños, pero en esencia rebasa la envoltura de las edades al destilar un tinte luctuoso y ácido, que deshaga todo maquillaje, pues precisa desenmascarar la violencia y la esquela de muerte que sacude la médula del continente americano.

Desde el título se juega con la Historia (con mayúscula), la noción de “verdadera” anuncia el desmontaje, relectura y reconstrucción de lo habitual conocido. En el primer episodio de la serie de cortometrajes animados de Piolín, filmados en 1942 por Bob Camplett, el título A Tale of two Kitties es una parodia de La Historia de dos ciudades de Charles Dickens. Esta alusión paródica a Dickens del animado puede ayudar a leer el cuaderno de Jocelyn, aunque la cercanía entre los referentes sea más incidental que de una intencionada intertextualidad. El motivo de las Kitties del cine para niños es vestidura lúdica, cobertura cuasipueril de un asunto serio, adulto, más emparentado en su esencia a los móviles de Dickens. Las dos citties que el novelista inglés desnuda en su obra, París y Londres, son escudriñadas desde las entrañas de la Revolución Francesa en plena vida del siglo xviii para revelar el convulso clima revolucionario y denunciar las sangrientas ejecuciones y el aumento diario del número de víctimas por los crímenes violentos que generaba tal proceso.

También de la producción para niños, también de Inglaterra, acaso patrón de Occidente, asoma en el cuaderno de la poeta mexicana otro Charles de la literatura inglesa, el que bajo el pseudónimo de Lewis Carrol inmortalizó a Alicia. Los exergos con citas de Alicia a través del espejo, con los que se abre el libro y se cierra en los dos poemas finales confieren un sentido empastado de circularidad y aportan coherencia al conjunto: el espejo de Carroll, citado al inicio y al final, es el hilo unitivo que cohesiona cada poema y lo conecta con los demás. Es el espejo quien media entre las dos ciudades, como vehículo de deconstrucción, de desmontaje.

Kitty, el personaje que se busca en el espejo es un fetiche sin historia que el mercado ha colocado en el terreno de ventas para niños, figurilla comerciable desprovista de argumentos que justifiquen el interés de la compra. A diferencia de muchos personajes del cine para niños insertados en el mercado que provienen de las animaciones de Waltt Disney, las Kitties adolecen de tramas y referentes pues no cuentan con una historia base que justifique su atractivo comercial. Cuando Jocelyn propone construir una historia “verdadera” para este personaje, está rozando lindes que trascienden el terreno infantil. Juega a cuestionar los modos capitalistas de dominio y manipulación de mercado. Con tono político, irónico, luctuoso pretende denunciar los soportes del capitalismo, sostenido por el dolor, la alienación y la violencia hacia el interior de Latinoamérica.

La historia que hilvana el diálogo de Kitty y su reflejo es una reconstrucción de la historia americana, de aquella América sacudida por la violencia que acarrean los modos capitalistas de producción. Como desde un observatorio la mirada se mueve desde México hacia el norte y luego desciende de centro a sur, hacia la cordillera y hacia el Caribe, pues Kitty transmuta en citty, su traje de gatita pueril se transforma en ciudad adolorida, el rosa de las vestiduras de Kitty se tiñe en estos poemas del rojo sangriento de la muerte en las ciudades americanas. Cada paisaje recorrido, cada historia nacional del continente ha sido subvertida desde semejantes pérdidas, pues las aúna la triste coincidencia del terror, las drogas y la violencia del capitalismo. No es casual que falten en estas páginas Cuba y Venezuela: el silencio marca la diferencia.

Por ser el reflejo más visceral para la poeta el poema dedicado a la mirada de México destila pesimismo y desconcierto, incisivo cuestionamiento de la historia patria, desde las quebraduras de su legado político y sociocultural. Jocelyn bebe de nutricios afluentes de la cultura mexicana, pero llegan a estos tiempos desabridos, descoloridos por la pérdida, por la devaluación que impone el régimen del capital. Se lee la historia y se actualiza. Recupera la música, la poesía, la plástica, la religión desde el actual contexto político de su país, sacudido por el crimen y la violencia, por la corrupción del poder, el bandidaje, los abusos sexuales a niños y mujeres, las macanas de la última plaga los policías PFP. La muerte que inunda obliga a estas lecturas desperanzadas. Por ello como quien llora un bolero mexicano el México mío, lindo, ahora es a veces querido, otras odiado, la princesa triste de Darío está desnuda y desnutrida como sus hermanas, y las plumas del quetzal se quiebran en la voz de tu mediocre sueño de surrealismo. Es una elegía a la pérdida de la cultura mexicana, antaño prolífica, aplastada ahora por la pseudoculturas del mercado: como algodones de azúcar cocinándose en las esquinas igual que la pobreza es tu folklor.

Disfrazado de inocente juego, de diálogo pueril con las nuevas realidades del espejo, la palabra amordaza un desagravio. La perversión de un gato a rayas, protoburgués compañero de Alicia, símbolo de dobleces y fingimientos victorianos, se repite hoy en América con el rosa del fetiche o rojo sangre de una gatita de mercado. Acaso porque Carrol avizoró como Dickens en Londres y París, el principio de este fin que ahora padecemos.

La Habana,18 de febrero de 2012

sábado, 19 de marzo de 2011

Candada, Mara Pastor

“mi bicicleta se ha olvidado de las flores

que prometí engancharle en el manubrio

todas las mañanas...”

Desde ese espacio del encierro, del estado inmóvil que es el espacio donde la poeta tiene la oportunidad de mirar a – hacia – dentro: de sí, de otros tiempos, de la cotidiano que pasa en sorpresas de pequeñas cosas y después en sus recuerdos.

Pero no piense el lector que por ese estado de lo inmóvil esta poesía es parsimoniosa, no, por el contrario. Hay en la factura de los versos precisión y agilidad. Esto permite que los versos nos penetren como pequeñas agujas terapéuticas, insensibles al tacto pero que logran su efecto de mostrarnos un mundo lleno de contemplaciones que derivan en meditaciones más profundas como en las siguientes líneas: “Seré breve. El futuro es pensar como se escribe, …”. Incluso en “Parsimonia: Pasa saber lo que hay que saber /no hay que no monologar/ la contingencia, lo innoble / de la ganancia, lo obsceno de la elocuencia”.

Entonces en “Candada” estamos frente a un poemario de fragua templada, con aciertos poéticos transparentes, cargado de imágenes y versos que no por aparentemente sencillos resultan fáciles, por el contrario, se nota el oficio como el siguiente verso del poema Mi siglo: “pegada al suelo, persigo/ una naturaleza insospechada/ que canta su réquiem”. Y es así que Mara persigue desde su “encierro”, “clausura” o parqueo de bicicleta “candada” que nos muestra los espacios mínimos donde se estaciona por un instante la poesía de la vida.

jueves, 3 de febrero de 2011

añosluz

añosluz (Nicole Cecilia Delgado,Vueltagato editores, Ciudad de Guatemala, 2010, Honda Nómada Ediciones,México, 2010) es un poemario con un ritmo veloz pero que se toma sus espacios como se consigna en los últimos versos se confunden “tiempo y territorio”, acaso el territorio es un cuerpo que transita, que recorre siempre pasajero el tiempo en un tren, dicho por la autora su transporte favorito. Es verdad que la poesía de Nicole Cecilia Delgado ha mutado, de imágenes nostálgicas a la construcción de un lenguaje mucho más preciso, de un tono dilatado en sus descripciones minuciosas a ráfagas de poemas antibalas. Hay en estos nuevos poemas una intención de sentencia y juicio del tiempo, un recorrer hacia atrás posibilidades y sobre todo la “situación” de una voz, es decir, su ubicación en un mapa, su reconocimiento en “entrañas” el posicionamiento del observador, del viajero, consciente de su situación en tránsito. Y acaso la vida no es más que eso, un tránsito, Nicole sentencia en sus últimos versos: “la sincronía no existe: las cosas no son como uno las imagina, pero tampoco como uno las recuerda”-

Nunca sucedió mi nombre

Útil de cuerpo de Javier Norambuena, (Mantra, Santiago de Chile, 2007 y Honda Nómada, México, 2010) es un quiebre en la lengua, un espacio de fugas que interpelan a ese traje que es –siempre– la piel que habitamos, de ese borde hacia adentro se construye un lenguaje, pletórico de imágenes inquietantes, y de tesituras y texturas muy propias en el sentido de la apropiación de la lengua como cuerpo. Este poemario de Javier Norambuena asume los riesgos del manejo del español sin reparos, haciendo acopio de su sonoridad y capacidad fónica pero también ludo-erótica, de esta manera Javier le exprime a sus versos toda su potencia rítmica, el poder seductor de su entonación, su floritura y color, todo con velocidad precisa, encabalgada y cosida en verso y anverso. Hay en Útil de cuerpo un esqueleto que transita y muda debajo de piel, es la espina dorsal una temática amatoria que no amorosa y como dije ya un inflexión reflexión de la creación y soltura de una lengua propia.

Cuentos de Domingo

Elma Murrugarra, Pilpinta Ediciones, Lima 2010.

He atesorado la edición original de este poemario desde que su autora me lo dio en 2006 en Lima ¿por qué?, bueno en principio porque sin duda es uno de esos poemarios breves pero llenos de recursos y coherencia a los que uno siempre quiere volver y en segundo lugar porque siempre quise publicarlo. Ahora bien se me adelantó, con justa razón su autora, y ahora con estas breves palabras celebro la publicación de Cuentos de Domingo en Pilpinta ediciones.

El poemario encierra una reescritura o quizá una relectura de varios cuentos infantiles: así reinventa el imaginario colectivo. La poesía de su autora se vale aquí de la sentencia corta pero certera. Es en la ironía planteada de manera inteligente donde Elma reescribe estas historias por la occidentalizad conocida, así hay una nueva alternativa de final o nueva historia que se crea a partir de la original. Es curioso la propia Elma comienza : “sucedió una vez, dicen que en eso radica lo original” y desde ahí se burla del arquetipo que ella misma deconstruye en las subsecuentes historias. Digamos que este mundo al revés todos estos cuentos serían posibles, o más bien son más reales que los originales. Siempre he admirado la brevedad y capacidad de síntesis y economía con la que Elma recoloca la tradición. Nuevamente nos entrega en una factura delicada y precisa en un poemario lleno de verdades.

martes, 8 de diciembre de 2009

sábado, 22 de agosto de 2009

una brillante idea

y qué es esto, bueno si no lo ves, no estás, si no estás no eres, es la ropa de las cosas invisibles.